octubre 6, 2022

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Grandes obras y gran opresión – La Bottega del Barbieri

Para el Tren Maya y otros megaproyectos, el presidente Andrés Manuel López Obrador está militarizando los territorios. Las grandes corporaciones y las milicias privadas les agradecen, pero los pueblos indígenas y los movimientos sociales siguen resistiendo.

de david liffody

Imagen: Desinformemonos

En Tren Maya, el presidente Andrés Manuel López Obrador no quiere volver atrás. A principios de agosto, el juez Adrián Fernando Novello Pérez ordenó la suspensión definitiva del ramal “5 Sur” de Cancún a Tulum, pero, en respuesta, Amlo decidió expropiar 1 millón 93 mil metros cuadrados. tierra para destinarlos al Tren Maya.

No solo eso. El presidente parece dispuesto a utilizar la controvertida Ley de Seguridad Nacional, promulgada por Banist Vicente Fox en Los Pinos en 2005, para eludir a los opositores al proyecto, las comunidades indígenas y agrarias y los movimientos sociales. La ley, que pretendía proteger las privatizaciones y reducir los derechos sociales, incluía amenazas a la seguridad nacional como “sabotaje, terrorismo e insurgencia”, que, no por casualidad, representaban los principales cargos contra quienes se oponían a la obra.

Ante la suspensión impuesta por el juez, el gobierno federal en realidad no solo procedió a la expropiación de los terrenos requeridos para este gigantesco proyecto, sino que convirtió al Tren Maya en un asunto de seguridad nacional. La primera parada ya llegó el 30 de mayo tras la destrucción de la selva virgen de Playa del Carmen.

Un claro ejemplo se define como La recolonización capitalista en acción en los territorios de los pueblos indígenas, se impondrá a las comunidades tribales Tren Maya. Las denuncias provienen de los pueblos de Sondal, Chatino, Zapoteca, Nu Chavi, Mazateca, Chinanteco y Choque (Oaxaca) y Otomíes (Ciudad de México). Se organizaron reuniones falsas para el Tren Maya, pero también para el Corredor Transístmico, para lograr que esas comunidades dieran su consentimiento a los megaproyectos, con el pretexto de llevar desarrollo y progreso a las comunidades indígenas, representando de hecho un caballo de Troya por sigilo. recursos naturales.

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Solo en el territorio de Oaxaca se han otorgado a empresas unas 425 concesiones de extracción minera sin consulta previa a la población: “Nos declaramos en alerta máxima por la aceleración de los megaproyectos de desarrollo estáblado para el sur-sureste mexicano y llamamos a fortalecer los procesos de Resistencia desde los pueblos originaljoarse, para posicicviolence, para posicicviolence”.

Además, los megaproyectos son evidencia de la creciente criminalización de los movimientos sociales que definieron el Tren Maya y otras grandes obras. Una guerra de destrucción capitalista. Más en serio, todo esto es apoyado abiertamente por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que, al menos en política exterior, evita, en algunos aspectos, la intervención de los EE. UU. y se mueve hacia el integracionismo latinoamericano. En la campaña electoral que lo llevó a Los Pinos, Amlo declaró su oposición al Tren Maya frente a las comunidades indígenas.

La imposición del Tren Maya, pero también la minería, genera el crecimiento del paramilitarismo y el uso de milicias privadas por parte de corporaciones multinacionales sin ninguna intervención del gobierno. “Las grandes obras ponen en peligro la existencia misma de las comunidades indígenas”, recuerda Carmen Carino Trujillo, profesora de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), al enfatizar la inmovilidad de un gobierno desinteresado en dar soluciones. A la crisis climática y medioambiental se suma el llamado modelo de riesgo desarollista En esto el Estado se identifica y solo apoya a las grandes corporaciones, destacando la Asamblea de los Pueblos Indígenas del Istmo de Tehuantepec en Defensa de la Tierra y el Territorio.

Los movimientos sociales temen que el cuarto cambio anunciado por Obrador solo aumente la marginación de los pueblos indígenas, que se impondrá a través de una mayor militarización no solo en el Tren Maya, sino también en el Corredor Interacional y el Istmo de Tehuantepec.

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En México, la mayoría de los pueblos indígenas viven en la marginación, la exclusión y la discriminación, pero las grandes obras se imponen a la fuerza: representan la esperanza de un cambio que, en algunos aspectos, se manifiesta como un gobierno en identidad. Continuidad con lo anterior de Panismo y PRI.

david liffody

Nací en Siena y mi verdadera profesión está en la Universidad de Siena. En mi trabajo “no oficial”, publico regularmente artículos sobre derechos humanos, sindicalismo, política e historia de América Latina en otros sitios y revistas, en colaboración con el sitio web www.peacelink.it y el blog La Bottega del Barbieri. Indígena y agrícola, ecología.