Artículo 14: Derecho al asilo

5 diciembre, 2018

Foto: OIM / Rafael Rodríguez La caravana de migrantes centroamericanos pasa por Chiapas, México.

En 1950, dos años después de que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptara la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), se creó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Se estableció que dicha agencia de la ONU tendría tres años para ayudar a los millones de europeos que habían huido o perdido sus hogares durante la Segunda Guerra Mundial y luego sería disuelta. Unas décadas después, ACNUR sigue en funcionamiento.

El número de personas desplazadas en el mundo sobrepasa los 68 millones. De ese total, 25 millones son refugiados que han cruzado una frontera internacional -personas que huyen del conflicto o la persecución-, mientras que 40 millones se encuentran desplazados dentro de su propio país. El resto son solicitantes de asilo -personas que pueden, o no, decidir convertirse en refugiados.

El artículo 14 de la DUDH otorga a las personas perseguidas el derecho a buscar y a disfrutar de asilo. Este derecho, además del de salir del propio país (artículo 13), y el de la nacionalidad (artículo 15), encuentra su origen en lo ocurrido durante el Holocausto.

Durante décadas, millones de personas han recibido protección para salvar sus vidas como refugiados, han podido reconstruir sus vidas y a menudo han podido regresar a sus hogares una vez que el peligro ha pasado, todo esto bajo la protección del artículo 14.

El derecho a buscar asilo no es ilimitado. El artículo 14 deja claro que no se puede conceder asilo a personas para que eviten el enjuiciamiento por “delitos no políticos o actos contrarios a los propósitos y principios de las Naciones Unidas”. Por tanto, los criminales de guerra y los culpables de un crimen contra la paz o la humanidad, no cumplen los requisitos para el asilo.

La realidad de las solicitudes de asilo en la actualidad

En los últimos años, el desplazamiento transfronterizo, incluido el de migrantes, solicitantes de asilo y refugiados, se ha convertido en un tema muy controvertido en todo el mundo. Para ejercer el derecho establecido en el artículo 14, las personas tienen que entrar en otro país, y hoy en día los países de todo el mundo están cerrando las puertas, impidiendo la entrada a los refugiados y otros inmigrantes con cercas de alambre y púas, muros y ejércitos.

Los activistas dicen que las personas huyen, y seguirán huyendo, debido a los peligros que dejan tras ellas, independientemente de los peligros y obstáculos que les aguarden en un futuro. A pesar de los esfuerzos por erigir una “fortaleza europea”, los refugiados y los migrantes continúan arriesgando sus vidas en indignos botes como medio de transporte, tratando de cruzar el Mediterráneo hacia Europa.

Las personas que se desplazan también corren un riesgo considerable frente a quienes se aprovechan de su vulnerabilidad, incluidas las autoridades estatales que intentan beneficiarse de ellas en lugar de protegerlas, así como los traficantes de personas sin escrúpulos que tratan a los demás seres humanos como productos altamente rentables cuando intentan eludir las fronteras terrestres y marítimas.

Los países tienen derecho a controlar sus fronteras. Sin embargo, como la ONU ha señalado durante años, un sistema de migración ordenado basado en los principios de derechos humanos consagrados en la DUDH no sólo abordaría las preocupaciones legítimas de los países acerca de su seguridad, sino que también respetaría los derechos que pertenecen tanto a los refugiados como a los migrantes.

En 2016, los 193 estados miembros de las Naciones Unidas adoptaron por unanimidad la Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes con el fin de proteger a los obligados a huir y apoyar a los países que los albergan. Esto allanó el camino para la adopción de dos nuevos pactos globales en 2018: un pacto mundial sobre refugiados y un pacto mundial para la migración segura, ordenada y regular.

El Pacto apela a los países a “cooperar para identificar, desarrollar y fortalecer soluciones para los migrantes obligados a abandonar sus países de origen debido a desastres naturales de aparición lenta, los efectos adversos del cambio climático y la degradación ambiental”. Para esas personas que no pueden regresar a su país de origen, las soluciones previstas en el Pacto incluyen reubicaciones planificadas y nuevas opciones de visados.

 

Con información del Centro de Noticias de la ONU.

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