Evelina Cabrera, de dormir en la calle a hablar en la ONU

1 febrero, 2018

Foto: Redes Sociales/Evelina Cabrera Evelina Cabrera con algunas de las chicas a las que entrena

Evelina Cabrera, mujer argentina de 31 años, conocí una vida marcada por obstáculos, violencias y la enfermedad. Hoy preside la Asociación Femenina de Fútbol Argentino y habló en el  Foro de la Juventud de la ONU sobre su trabajo para ayudar a otras chicas a superarse.
“Si vos me decís hace 15 días Naciones Unidas, me imaginaba solamente presidentes y gente muy importante. Nunca me imaginé que iba a estar acá, pero pude porque fui haciendo cosas para mejorar mi calidad de vida y porque hubo gente que me hizo sentir que yo podía tener posibilidades”, dice en una entrevista con Noticias ONU durante su participación en el Foro de la Juventud de la ONU.
La vida de Evelina Cabrera se torció cuando tenía 13 años. La separación de sus padres en plena adolescencia la llevó a irse de casa y acabar viviendo en la calle. Pasó por una relación con un hombre que la maltrató hasta que intentó suicidarse. Pero ha sabido reconducir su vida y reinventarse todas las veces que han sido necesarias. 

Evelina no cree en la suerte, sino en el poder de la confianza en uno mismo. Y en la capacidad de adaptación.

Nació hace 31 años en una familia humilde. Es la mayor de tres hermanos y aunque, pasaban hambre, su familia le enseñó el valor del trabajo.  “Pero cuando cumplo 13 años mis padres se separan y yo entré en una crisis y decidí irme de mi casa y dormir en cualquier lado. Hasta que de los 15 a los 17 años dormí en la calle. Era un homeless (indigente)”, recuerda.

Sentía que en su casa no se notaba su ausencia y, en la calle, conoció a más gente que, como ella, no tenía quién le escuchara. Hizo de todo para sobrevivir: vigiló carros, repartió publicidad, cuidó a prostitutas en una parada de autobús. Después, comenzó una relación con un hombre que la maltrataba.  “Durante mucho tiempo estuve sometida con este chico, hasta que toqué fondo e intenté suicidarme. Por suerte fallé”, relata.

Un día vio en televisión a una chica tetrapléjica que pedía un respirador para poder seguir viviendo. Eso le marcó y le hizo replantearse su vida. Regresó a casa de su padre y, poco a poco, consiguió recuperarse. Con cada nuevo trabajo aprendía algo nuevo de sí misma; se reinventaba.

De jugadora a entrenadora de fútbol

Su pasión por el fútbol empezó casi de forma casual, cuando una compañera de trabajo le dijo que jugaba en un equipo. “Y cuando voy, el equipo era horrible y todas jugábamos horrible”, dice entre risas. “Le propuse al equipo, entrenemos lo físico, superémonos. Me daba cuenta de que faltaba pasión en lo que estaba haciendo el equipo y me dijeron si vos agarrás y querés entrenar, armate tu equipo”.

Armó su equipo. Un tumor le apartó de jugar al fútbol, pero, una vez más, adaptarse a esta nueva circunstancia le abrió una puerta. “Eso me hizo reflexionar sobre la Agenda 2030. ¿Cuántas chicas no tienen acceso a salud, a prevención, a hacerse chequeos? Dijimos hagamos que tomen conciencia y se capaciten para que cuando terminen sus carreras como futbolistas puedan ser entrenadoras, puedan gestionar y desarrollarse más allá de la cancha de fútbol”.  Se hizo entrenadora, también de chicas ciegas, y fundó la Asociación Femenina de Fútbol Argentino.

En el fútbol ella ha encontrado la vía para ayudar a otras mujeres. Asegura que debemos valorar el poder de decirle a alguien “yo confío en vos”.

“Cuando estaba en los peores lugares, nadie confiaba en mí y tuve que confiar en mí para salir adelante desde lo más bajo. Cuando empecé a confiar en mí, me sentí poderosa y ustedes le pueden dar poder y herramientas a un montón de personas que no se sienten así. Esa confianza puede transformar sus vidas y la de todos”, dijo entre lágrimas en una de sus intervenciones en la ONU.

Ella sacó la confianza en sí misma de cada pequeña meta que conquistaba.   “Yo no tuve suerte. Me costó un montón todo y me cuesta”, asegura y explica que su experiencia le permite conectar con otras mujeres. “Hay que enseñarles a las chicas que nos va a costar un montón y más si venimos en sectores vulnerables, pero no hay que creer en el cuento de porque sos pobre nunca vas a poder salir adelante”.

Representante de Argentina en la ONU

Evelina compartió con otros 500 jóvenes que se reunieron durante dos días en Nueva York sus ideas para lograr avanzar en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Ella sabe cómo traducir las grandes políticas, en un proyecto personal con el que los jóvenes se puedan identificar.  “Está bien enseñar los Objetivos, pero desde la empatía y conexión con el otro. A veces nos equivocamos y hacemos caridad”, insiste. “A la gente que viene de sectores vulnerables hay que preguntarles cuáles son tus habilidades, porque a veces tenemos habilidades ocultas bajo los prejuicios que nos pone la sociedad”.

A quien tiene que pensar dónde dormirá esta noche o qué va a comer, el 2030, el año cuando deberían lograrse los Objetivos , le puede sonar  algo muy lejano. Evelina cree que todo el mundo puede aspirar a un futuro mejor y dar pasos para conseguirlo. “Tener confianza    en uno mismo y creer que podemos cambiar las cosas hace que nos podamos proyectar a futuro. Yo cuando era chica pensé que no iba a tener futuro, porque creí en todos los prejuicios que me habían instalado sobre de dónde venía y hoy sé que puedo hacer las cosas que quiera”.

 

Con información del Centro de Noticias de la ONU

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