El Derecho a la Paz: un mundo libre de conflictos para todas y todos

21 septiembre, 2018

Foto: Flickr, Víctor Gutiérrez Navarro

Mantener la paz y la seguridad internacional son pilares y razones principales por las cuales se fundaron las Naciones Unidas. La guerra más horrible en la historia de la humanidad fue la que dio a entender al mundo que se necesita un control global de la seguridad para prevenir que se desencadenen conflictos a escala de la Segunda Guerra Mundial, evento que devastó la mitad del planeta en el siglo anterior y dejó a muchas generaciones con heridas profundas y difíciles de superar.

En el 2018 el Día Internacional de la Paz se conmemora en conjunto con el 70 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos y pone de relieve que el Derecho a la Paz es un derecho fundamental e inherente de cada persona en el mundo.

A pesar de que no existe un apartado independiente sobre el “Derecho a la Paz”, la Declaración Universal establece en su artículo 3° que “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”; así como los derechos al asilo, un orden social e internacional.

No obstante, a 70 años de la aprobación de la Declaración, todavía nos encontramos en un mundo asolado por los conflictos donde Latinoamérica no es una excepción. Particularmente, en Nicaragua continúan represiones y violaciones del derecho a la libertad de reunión pacífica, así como la guerra contra el narcotráfico en México que sigue amenazando la seguridad en el país en todos los niveles.

En este marco, cabe recordar el papel que desempeñaron las Naciones Unidas en la construcción de la paz en esta región a lo largo de su historia. Durante el siglo anterior, muchas guerras civiles sacudieron Latinoamérica y se tienen varios ejemplos positivos de resolución pacífica de conflictos, como son el de El Salvador y Guatemala. En estos casos, la ONU contribuyó como observadora y mediadora, fomentando colaboración y negociaciones entre las partes en conflicto.

Las operaciones de paz fueron implementadas a través de misiones establecidas en ambos países, Misión de Observadores de las Naciones Unidas en El Salvador y Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Guatemala, respectivamente, cuyos propósitos eran lograr el cese de fuego, verificar la aplicación de todos los acuerdos, vigilar la fase de desarme, proteger los derechos humanos y, finalmente, cooperar y mediar entre las partes en conflicto para conseguir la firma de paz.

Asimismo, la organización hizo un gran aporte al proceso de la paz en Colombia que ha estado devastada por la guerra civil desde mediados del siglo XX. El conflicto interno entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) se culminó con la firma del acuerdo de paz en 2016.

A pesar de que la Misión de la ONU en Colombia consiguió garantizar el cumplimiento de los acuerdos entre las partes y efectuar el proceso de cese de armas, todavía persiste la situación de inseguridad, la violencia y el retraso de la reintegración de los exguerrilleros, por lo cual las Naciones Unidas continúan brindando el apoyo para esta región.

Mientras algunos países de Latinoamérica se ven atrapados en la guerra, otros sufren una carga de grandes oleadas de refugiados provenientes de los países afectados. Por consiguiente, la gestión de conflictos con ayuda externa de la organización y la cooperación a nivel global son clave para superar los desafíos que se plantean con respecto a la seguridad.

Es importante comprender que toda persona puede contribuir al proceso de la paz respetando las diferencias y los derechos de los demás, analizando los conflictos y buscando soluciones pacíficas, fomentando el diálogo y la comprensión mutua tanto a nivel de la familia como el de las comunidades. Juntos podemos construir un mundo más seguro donde todas y todos ejerzamos nuestro Derecho a la Paz.

¡La paz la hacemos TODOS!

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