Burundi corre el riesgo de convertirse en una crisis “olvidada”

7 febrero, 2018

ACNUR Refugiados burundeses recogen agua en el campamento de Lusenda, en el sur de Kivu en la República Democrática del Congo.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) expresó preocupación este martes ante los bajos niveles de financiación humanitaria para los  “desesperados” de Burundi que sólo reciben el 21% de la ayuda que necesitan, lo que no alcanza “estándares humanitarios aceptables”. 

ACNUR advirtió que, de no remediarse la situación, Burundi corre el riesgo de convertirse en una crisis “olvidada” y junto con sus 26 socios humanitarios solicitó 391 millones de dólares para un plan de respuesta humanitaria que ayudaría a 430.000 personas.

Desde 2015, más de 400,000 burundeses han huido del país escapando de abusos a los derechos humanos, la incertidumbre política y el deterioro de la situación humanitaria.

Más del 60 por ciento han huido a Tanzania (254.000) y varios miles a Ruanda, la República Democrática del Congo y Uganda. Además, con la persistencia de la volátil situación del país, existe el temor de que el número total de refugiados pueda ascender a 450,000 para fines de 2018.

La falta de fondos afecta todos los aspectos de la vida de estas personas, entre ellos la disponibilidad de alimentos, alojamiento y educación, así como la capacidad de responder a la violencia sexual y de género, aseguró este martes Catherine Wiesner, coordinadora regional del ACNUR, ante periodistas en Ginebra.

“La falta de fondos también limita severamente y afecta nuestra capacidad de invertir en servicios sociales integrados y oportunidades de medios de vida, así como limita el apoyo a la protección y restauración del medio ambiente. En 2017, nos impidió llevar a cabo verificaciones de población, proporcionar documentación básica y vital, y capacitar a los funcionarios del gobierno en la determinación del estatuto de refugiado como lo habíamos planeado”, dijo Wiesner.

El plan de respuesta humanitaria busca garantizar que la mayoría de los desplazados que viven en campos de refugiados (alrededor del 85%) reciban alimentos, vivienda y educación, así como protección contra la violencia sexual.

El brote de violencia en Burundi en abril de 2015 y la crisis política combinada con un deterioro de la seguridad y del entorno humanitario, provocaron una crisis profunda y continúan alimentando el éxodo de sus poblaciones, algunas de las cuales han sido desplazadas a lugares tan lejanos como Sudáfrica y Kenia.

Con información del Centro de Noticias de la ONU.

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  • Javier Valdez

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