La matanza de 1968, un crimen de Estado atroz e inesperado

3 octubre, 2018

Foto: CINU México A 50 años de la masacre, un ex dirigente estudiantil recuerda las violaciones a los derechos humanos que sufrieron los manifestantes.

Con terror, desconcierto y enojo, los jóvenes vivieron la masacre de Tlatelolco. Así lo recuerda Félix Hernández Gamundi, uno de los dirigentes del movimiento estudiantil en 1968. Fue un “crimen de Estado” en el que se violentaron los derechos humanos.

Aunque el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz pretendió mostrar los hechos como una confrontación armada, los testimonios evidenciaron que los militares dispararon contra un movimiento pacífico. Hernández Gamundi detalla que ninguna de las más de 4 mil 500 personas detenidas portaba armas de armas de fuego.

“La matanza, que cumple 50 años este 2 de octubre, fue un gran acto de traición” por parte del gobierno mexicano. Aquel día, recuerda, además del brutal asesinato de estudiantes, “hubo golpes y torturas, tanto físicas como psicológicas”.

Un acto de violencia inesperado

Durante una entrevista con ONU Noticias, Hernández Gamundi reconoce que recordar la masacre del 68 es complicado pues se trata de un hecho traumático para él. En una primera aproximación, el ex dirigente estudiantil describe aquel momento como “atroz e inesperado”.

A las 10 de la mañana de ese día, recuerda, tuvo lugar una reunión entre representantes del presidente de la República Mexicana y representantes del Consejo Nacional de Huelga. El encuentro, que tenía como propósito establecer las bases para un diálogo público, se realizó en la casa del entonces rector de la UNAM, Javier Barros Sierra. Se acordó una nueva reunión para el día siguiente, por lo que parecía que finalmente las cosas se encaminaban, comenta.

Este encuentro matutino produjo un repunte en el optimismo de los manifestantes. Por este motivo, en la tarde, los integrantes del mitin experimentaron horror y sorpresa cuando empezaron los disparos. Fue un acto de violencia inesperado. Como recuerdan varios testigos, la matanza empezó justo después de que dos luces de bengala fueran lanzadas desde un helicóptero que sobrevolaba la Plaza de las Tres Culturas.

Hernández Gamundi y otros dirigentes se encontraban en el tercer piso del edificio habitacional Chihuahua, en un balcón que daba a la plaza. “En un primer momento, cuando comenzaron los disparos, nuestra reacción fue bajar para ayudar a la gente a organizarse a salir”, cuenta. Sin embargo, la fuerza armada se los impidió y volvieron a subir el edificio.

Una familia del quinto piso les permitió refugiarse en su departamento. Durante largas horas, Hernández Gamundi y sus compañeros experimentaron “mucha tensión, así como una sensación de impotencia y de coraje”. Inevitablemente fueron detenidos por los soldados entre las 11 de la noche y una de la mañana, estima.

Fueron llevados a departamentos que, previamente desalojados y vaciados de mobiliario, se usaban como espacios de detención. “Allí fuimos golpeados”, recuerda el ex dirigente. A partir de ese momento, los estudiantes sufrirían distintas formas de violencia física, entre las que destacan los golpes con armas.

Los detenidos también recibieron tortura psicológica. Para su traslado al Campo Militar 1 se usaron camiones del ejército y los jóvenes fueron tirados en el piso. Los soldados, que iban pisando y golpeando los cuerpos, empezaron un discurso de amedrentamiento. Entre ellos comentaban que aplicarían la conocida “ley fuga”, una forma de ejecución extrajudicial que consiste en simular la huida de un detenido para disparar contra él.

Finalmente llegaron al campo militar. “Sientes alivio porque vas a seguir vivo por los siguientes minutos”, recuerda Hernández Gamundi. Sin embargo, allí también se violaron sus derechos con actos de tortura. “Hubo tortura para todo mundo, de diverso tipo y diversas intensidades”, detalló.

Detrás de la represión

“La masacre de Tlatelolco exhibió la incapacidad del gobierno para comunicarse con la juventud”, comenta el ex dirigente para intentar explicar la represión militar que recibió una manifestación pacífica. Dado que no había una guerra, señala, “lo que hay es un acto de agresión brutal, desmedido, ilegal y criminal del gobierno en contra de la juventud”.

Explica que antes del mitin de Tlatelolco el movimiento estudiantil ya había cuestionado al gobierno con otras manifestaciones. “La lucha del 1968 era por libertad, democracia y justicia”, refiere y en su opinión “el gobierno iba perdiendo la confrontación política”.

En aquel entonces, el gobierno se adjudicaba los valores de la Revolución mexicana. Pero con la matanza de Tlatelolco “quedó exhibido como autoritario, represivo e insensible”, señala.

Contra la impunidad

Para el ex dirigente, en esta masacre y en otros casos de violencia política en México ha prevalecido la impunidad. “Lo que ha permitido que los gobernantes sigan aplicando una política represiva y violatoria de los derechos hasta nuestros días.”

La lista es larga, señala, “cada día amanecemos con un nuevo agravio sobre los derechos humanos en México”. Comentó que fue el caso de la desaparición forzada de los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en 2014.

En su opinión, tiene que cambiar el “sentido común” de la población y se debe establecer una nueva norma de vida “basado en el pleno respeto de los derechos humanos”.

Hernández Gamundi espera que en este año, tanto la conmemoración del 50 aniversario de la matanza del 68 como el 70 aniversario de la declaración de los derechos humanos, “permitan avanzar hacia un nuevo estadio en la impartición de justicia”.

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